El aeropuerto de Bogotá fue escenario de un decomiso de 130 ranas venenosas destinadas al tráfico ilegal hacia Sao Paulo. La responsable, una ciudadana brasileña, fue arrestada cuando intentaba transportarlas en una maleta. Estas ranas arlequín, también conocidas como cocoi (oophaga histrionica), procedían del departamento de Nariño, y la detenida alegó que le habían sido regaladas por una comunidad local.
La Policía capturó a la mujer por el delito de tráfico de fauna, y actualmente está bajo la custodia de la fiscalía. Las autoridades descubrieron los coloridos anfibios, en peligro de extinción, ocultos en rollos fotográficos dentro de la maleta de la traficante. Según la secretaria de Ambiente de Bogotá, Adriana Soto, la ciudadana brasileña viajaba desde Bogotá a Sao Paulo, con escala en la capital de Panamá.
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Las ranas arlequín, que miden menos de cinco centímetros, son habitantes de los bosques húmedos del Pacífico, desde Ecuador hasta Colombia, y en otros países de Centro y Suramérica. Este incidente pone de manifiesto la problemática persistente del tráfico de especies en Colombia, que afecta particularmente a anfibios, mamíferos pequeños y partes de animales marinos, como tiburones. Colombia, reconocida por su extraordinaria biodiversidad, enfrenta desafíos constantes para combatir este tipo de actividades ilegales.



