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La gratitud en la cultura mexicana

La gratitud es una práctica que requiere reflexión y reconocimiento consciente; no se trata solo de ser buenos anfitriones o de dar, sino también de saber recibir y valorar lo que los demás nos ofrecen.
La gratitud en la cultura mexicana

De Todo y de Nada por Sergio G. Haro

El mexicano es reconocido mundialmente por su hospitalidad, alegría, gusto por divertirse y, en general, por su buena voluntad. Somos famosos por ser buenos anfitriones, siempre dispuestos a compartir lo poco o mucho que tengamos con una sonrisa. También es típico de nuestra personalidad el rehuir el conflicto, y no me refiero a que seamos cobardes, sino a que evitamos los problemas. Tanto es así que, si nos invitan a un lugar o evento, preferimos decir que sí y no llegar, en lugar de negarnos desde el principio. Eso es evasión del conflicto. Todo esto me lleva a preguntarme acerca de otra virtud: ¿qué tan agradecidos somos?

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Desde niños, a los mexicanos nos enseñan a ser atentos y amables con los demás. Invitamos a nuestros amigos y familiares a nuestras casas, les ofrecemos comida, bebida y un lugar cómodo donde quedarse. «Mi casa es tu casa». Esta tradición de hospitalidad es una parte fundamental de nuestra cultura. Pero, ¿vemos lo que los demás hacen por nosotros o solo recordamos cuando somos los anfitriones? ¿Nos detenemos alguna vez a reflexionar sobre la gratitud?

En nuestras relaciones diarias, sean románticas, familiares, de amistad o laborales, a veces podemos sentirnos poco apreciados. Incluso podemos llegar a sentirnos traicionados porque solo vemos lo que nosotros aportamos a la relación, sin detenernos a considerar lo que la otra persona también nos brinda. Este sesgo puede nublar nuestro juicio y afectar negativamente nuestras interacciones.

Imaginemos una situación en el trabajo donde solicitamos un permiso especial o un aumento y nos es negado. Automáticamente pensamos en todo lo que hacemos por la empresa y sentimos que no se nos valora. Sin embargo, olvidamos los permisos anteriores que se nos han concedido, tal vez en situaciones en las que no eran estrictamente necesarios, o algún bono o préstamo que nos ha ayudado en momentos difíciles, o las fallas que hemos tenido y que las han comprendido.

En la amistad, es fácil pensar que nuestros amigos no valoran nuestras acciones. Quizás les hacemos un gran favor y sentimos que no recibimos el agradecimiento esperado o les pedimos uno y nos lo niegan. Pero, ¿nos detenemos a pensar en las veces que ellos han estado ahí para nosotros, en lo que nos han dado o a veces hasta arriesgado por nosotros, o que quizás simplemente no están en posibilidad en ese momento de darnos lo que les pedimos?

En el ámbito familiar y amoroso, los sentimientos de falta de aprecio pueden surgir con frecuencia. Puede ser que sintamos que nuestra pareja o familiares no reconocen nuestros esfuerzos. Podemos tener un hermoso detalle con nuestra pareja, madre, hijo o hermana y creer que lo han pasado por alto, que dan por sentado nuestros detalles, nuestro cariño. Pero, ¿realmente estamos nosotros reconociendo lo que ellos hacen por nosotros a diario?

La gratitud es una práctica que requiere reflexión y reconocimiento consciente. No se trata solo de ser buenos anfitriones o de dar, sino también de saber recibir y valorar lo que los demás nos ofrecen. En nuestras relaciones, es fundamental detenernos a pensar en lo que los otros aportan a nuestras vidas y expresarles nuestro agradecimiento.

Ser agradecidos no solo mejora nuestras relaciones, también nos hace más felices y satisfechos con nuestras vidas. La próxima vez que te sientas poco apreciado, haz una pausa y piensa en todo lo que esa persona ha hecho por ti, quizás te sorprendas. Saber ser agradecidos puede cambiar completamente la perspectiva de nuestras relaciones.

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