El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, generó controversia al sugerir que su país debería retomar el control del Canal de Panamá. Trump criticó las tarifas que cobra Panamá por el uso del canal, calificándolas de excesivas, y cuestionó la influencia china en la región. Estas declaraciones fueron realizadas en un evento en Phoenix y en redes sociales, donde afirmó que el canal fue cedido para promover la cooperación, no para beneficiar a otras naciones.
El presidente panameño, José Raúl Mulino, respondió que la soberanía y la independencia del canal no están en negociación. Mulino aseguró que el canal y su territorio adyacente son propiedad de Panamá, y las tarifas son establecidas con base en criterios económicos y operativos. Además, negó cualquier control directo o indirecto de China sobre el canal, resaltando que esta infraestructura está bajo administración panameña desde 1999.
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Políticos y ciudadanos panameños cerraron filas en defensa del canal. En una manifestación frente al parlamento, trabajadores y líderes sindicales rechazaron las declaraciones de Trump, calificándolas de imperialistas. Durante la protesta, se quemó una bandera de Estados Unidos como símbolo de repudio.
Otros países también expresaron solidaridad con Panamá. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, enfatizó la importancia de respetar la soberanía panameña, advirtiendo que cualquier intento de control externo tendría consecuencias económicas y sociales para la región.
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Desde México, Claudia Sheinbaum también respaldó a Panamá. Reconoció la soberanía del canal como un símbolo de independencia para el pueblo panameño y reiteró el apoyo a su gobierno.
El Canal de Panamá, administrado por Panamá desde 1999, representa el 2.5 % del comercio marítimo mundial. Su control es fundamental para la economía global, destacando su relevancia en el comercio entre Asia y América. Las declaraciones de Trump, aunque polémicas, no tienen sustento legal bajo el derecho internacional para justificar una intervención.



