La NASA dio un paso decisivo en su programa lunar tras completar con éxito una de sus pruebas más complejas. El cohete Space Launch System logró cargar hidrógeno líquido sin superar los límites de seguridad, un avance clave para la misión Artemis II, prevista para marzo.
El ensayo general húmedo, realizado el 19 de febrero, permitió validar sistemas esenciales luego de anteriores retrasos provocados por fugas de combustible. El hidrógeno líquido, aunque altamente eficiente, es difícil de contener por su baja densidad y las temperaturas extremas que requiere.
Durante pruebas previas en el Centro Espacial Kennedy se detectaron filtraciones que obligaron a revisar sellos y conductos. Tras ajustes técnicos y el reemplazo de componentes, la agencia consiguió cargar 2,76 millones de litros de hidrógeno y oxígeno dentro de los parámetros permitidos.
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A diferencia de empresas como SpaceX o Blue Origin, que emplean otros combustibles en etapas iniciales, el SLS utiliza hidrógeno líquido como base de su sistema de propulsión, una decisión ligada a la herencia tecnológica del programa del transbordador.
Con esta prueba superada, la NASA fortalece su plan de enviar astronautas más allá de la órbita baja terrestre y avanzar en el objetivo de consolidar el regreso humano al entorno lunar con tecnología validada y estándares de seguridad rigurosos.



