En un quiebre histórico, Ucrania desplaza su celebración navideña al 25 de diciembre, adoptando el calendario gregoriano en contraste con el juliano. La medida, respaldada por el presidente Zelenski, desafía la fecha ortodoxa rusa del 7 de enero. Este cambio estratégico, considerado un acto de independencia cultural, simboliza la ruptura con la herencia rusa.
La catedral de Odesa, engalanada para la ocasión, fue testigo de esta nueva tradición. Zelenski, desde el Monasterio de las Cuevas de Kiev, resalta la unión del pueblo ucraniano al celebrar juntos, fortaleciendo la identidad nacional en un gesto que resuena en Europa y más allá.



