La región sur de México enfrenta desde hace semanas una creciente amenaza del crimen organizado. Recientemente, nueve mujeres colombianas desaparecieron en Tabasco, mientras en Chiapas, miembros del Cártel de Sinaloa desfilaron en Bella Vista; en Guerrero, el secuestro de nueve personas en Buenavista de Cuéllar acentúa la inseguridad y el factor común es la violencia, que se ha vuelto una constante en la vida de los habitantes del sur mexicano.
Desde finales de 2023, Tabasco, estado natal del presidente Andrés Manuel López Obrador, ha experimentado un aumento de la violencia, marcado por quema de vehículos, bloqueos, persecuciones y balaceras; incidentes recientes incluyen asaltos a mano armada en Villahermosa y la desaparición de mujeres colombianas vinculadas al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Chiapas encendió alertas desde mediados de 2023, con más de 200 organizaciones civiles denunciando la violencia debido a la complicidad gubernamental con grupos del crimen organizado. A pesar de llamados y denuncias, la violencia persiste, como lo demuestra un enfrentamiento reciente entre cárteles que dejó 20 muertos. En Tila, asesinaron a Carmen López Lugo, integrante del Congreso Nacional Indígena.
Guerrero no escapa a la espiral de violencia; nueve personas fueron secuestradas en Buenavista de Cuéllar, sumándose a la balacera en Petatlán y un ataque con drones en Buenavista de los Hurtado. La Fiscalía del Estado señala la participación de cárteles locales en estos eventos.



