El año 2023 marcó uno de los periodos de crecimiento más bajos en más de tres décadas para la economía china, con un modesto 5.2%, según datos oficiales. La Oficina Nacional de Estadística reveló que el Producto Interno Bruto (PIB) alcanzó los 126 billones de yuanes (aproximadamente 17.6 billones de dólares), representando una mejora desde el 3% de 2022, afectado por las restricciones anticovid.
A pesar de cumplir con las expectativas y el objetivo anual establecido por Beijing, el resultado podría intensificar la presión sobre las autoridades chinas. La crisis inmobiliaria, el débil consumo y las turbulencias globales contribuyen al deterioro económico del país, que enfrenta desafíos adicionales como el desempleo juvenil y la ralentización económica global.
Las exportaciones chinas, históricamente fundamentales, experimentaron su primera caída desde 2016 el año pasado. Factores como las tensiones geopolíticas con Estados Unidos y los esfuerzos occidentales para diversificar sus cadenas de suministro también influyeron negativamente en el crecimiento.
A pesar de los esfuerzos del gobierno chino por seducir a inversores internacionales, el sector inmobiliario, que representa una cuarta parte del PIB, enfrenta riesgos significativos con grandes firmas en peligro de quiebra debido a la elevada deuda y la disminución en la compra de propiedades.



