El sábado, los Guardianes de la Revolución iraníes informaron sobre la trágica pérdida de cinco de sus miembros en un devastador ataque aéreo en Damasco, Siria, que atribuyeron a Israel.
El bombardeo, ejecutado con aviones de combate, tuvo como objetivo un edificio en el barrio de Mazzeh, dejándolo en ruinas y obligando al área a ser acordonada. Entre las víctimas se encontraba el jefe de inteligencia para Siria de los Guardianes y otros tres oficiales.
El Observatorio Sirio de Derechos Humanos, con sede en el Reino Unido, inicialmente informó sobre 10 fallecidos, mientras que el Ministerio de Relaciones Exteriores iraní señaló directamente a Israel como responsable del ataque.
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En respuesta, indicaron que se reservan el derecho de contraatacar en el momento y lugar adecuados. En contraste, el ejército israelí optó por no hacer comentarios sobre el incidente.
Este trágico evento se desarrolla en un contexto regional tenso, donde el «eje de la resistencia», conformado por Siria, Irán, Hamás, Hezbolá y los rebeldes hutíes de Yemen, mantiene a Israel como su enemigo común.
Simultáneamente, Irak fue escenario de otro episodio alarmante, con más de una docena de misiles lanzados contra una base que alberga tropas estadounidenses y de la coalición internacional antiyihadista, intensificando las preocupaciones sobre la creciente inestabilidad en la región.



