En un giro sin precedentes en el ámbito de la pena capital, Alabama ejecutó a Kenneth Eugene Smith mediante gas nitrógeno, convirtiéndolo en el primer caso de este tipo en Estados Unidos desde la instauración de la inyección letal en 1982.
A pesar de la afirmación estatal sobre la humanidad del método, críticos lo tildaron de cruel y experimental.
Smith, condenado por un asesinato a sueldo en 1988, fue declarado muerto a las 8:25 pm en una prisión de Alabama, después de inhalar gas nitrógeno puro mediante una máscara facial.
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Su ejecución enfrentó resistencia legal, ya que sus abogados alegaban que se le utilizaba como conejillo de indias en un método no probado, desafiando la prohibición constitucional de castigos crueles.
A pesar de la disidencia de la jueza Sonia Sotomayor, la Corte Suprema de Estados Unidos dio luz verde a la ejecución.
Smith y su consejero espiritual, el reverendo Jeff Hood, expresaron en una declaración previa su preocupación por la normalización de métodos asfixiantes.
Aunque las autoridades estatales afirmaron que el gas nitrógeno garantizaría una ejecución indolora, la comunidad médica y organizaciones manifestaron reservas, pidiendo una revisión más detallada del procedimiento.



