El Servicio Jesuita para Refugiados reveló que el éxodo de Michoacán, Guerrero y Zacatecas hacia Ciudad Juárez refleja un desplazamiento interno marcado por la violencia.
Este fenómeno, generado por extorsiones y violencia física, enfrenta a los migrantes con desafíos cruciales: alimentación, vivienda y seguridad.
La pérdida de medios de vida y la fragmentación comunitaria añaden complejidad a su situación. La colaboración entre jesuitas, autoridades y empresarios se erige como una respuesta solidaria.
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La Mesa de Hospitalidad para Población en Migración Forzada busca enfrentar la vulnerabilidad de quienes han sido desplazados en su propio país.



