La tradición de los candados de amor, extendida globalmente, tiene raíces en el deseo de las parejas de sellar su compromiso con algo tangible.
Los enamorados graban sus nombres en un candado, lo cierran y lo anclan a un puente, simbolizando la indestructibilidad de su amor. La leyenda sugiere que arrojar la llave al mar garantiza la eternidad de este vínculo.
El origen de esta romántica tradición es incierto, con especulaciones que van desde parejas de enamorados hasta la influencia de un cerrajero con motivos comerciales. Independientemente de su inicio, los candados de amor ofrecen a las parejas una forma única de jurarse lealtad y proteger su relación.
En 2014, el Puente de las Artes en París se vio abrumado por miles de candados, llevando a las autoridades a abogar por un cambio. La sugerencia fue cambiar los candados por selfies, promoviendo el hashtag #lovewithoutlocks (amor sin candados).
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Sin embargo, en 2015, los candados fueron retirados debido a la «degradación del patrimonio» y preocupaciones de seguridad, poniendo fin a esta tradición en la ciudad del amor.
Con un giro positivo en 2017, las autoridades anunciaron la subasta benéfica de los candados retirados, cerrando así el capítulo de controversia en torno a estos símbolos de amor.



