Emily-Jane Siviter, una mujer de 29 años residente en el norte de Gales, Inglaterra, vivió una experiencia aterradora al ser diagnosticada erróneamente con una infección urinaria durante seis meses. Lo que en realidad padecía era un tumor ovárico de 17 centímetros que ya había hecho metástasis.
Emily acudió a su médico de cabecera por dolores agudos al orinar. Durante medio año, el doctor le recetó antibióticos para una infección urinaria que, en realidad, no existía. Su estado empeoraba cada día, pero su médico no le realizó las pruebas necesarias.
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Ante la falta de mejoría y la aparición de un bulto en su abdomen, Emily decidió buscar una segunda opinión. Las pruebas revelaron la terrible verdad: un tumor ovárico gigante estaba presionando su vejiga.
La mujer se sometió a una cirugía para extirpar el tumor y las células cancerosas que ya se habían diseminado. Lamentablemente, parte de su intestino también tuvo que ser extirpado. Como consecuencia de este diagnóstico tardío y erróneo, Emily no podrá ser madre y deberá usar una bolsa de ostomía de por vida.
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Tras su terrible experiencia, Emily exhorta a las personas que no noten mejoría con sus tratamientos médicos a exigir un análisis de sangre. Esta simple prueba pudo haberle ahorrado tanto sufrimiento y haberle permitido un diagnóstico y tratamiento oportuno.
La joven, quien enfrenta una difícil situación financiera por los gastos médicos, abrió una cuenta en GoFundMe para solicitar ayuda. No ha aclarado si tomará acciones legales contra el médico que la diagnosticó erróneamente.



