De Todo y de Nada por Sergio G. Haro
En la vasta historia de la Ciudad de México, las calles de la Colonia resguardan secretos que han perdurado a través de los siglos, convertidos en leyendas que nos hablan de tiempos oscuros y personajes sombríos. Entre estos relatos, pocos son tan inquietantes como el de un asesino en serie que precedió a Jack el Destripador y que, como él, nunca fue atrapado: «El Sereno Asesino», una figura envuelta en misterio que, según se cuenta, rondaba las noches en las últimas décadas del siglo XVIII.
El sereno era una figura común en las ciudades de la Nueva España, encargado de patrullar las calles, velar por la seguridad y anunciar la hora a los vecinos. Sin embargo, uno de ellos se convirtió en el protagonista de una historia macabra que todavía causa escalofríos. Se dice que este sereno, cuyo nombre se ha perdido en la bruma del tiempo, fue víctima de una traición amorosa que lo llevó al borde de la locura. Su esposa lo había engañado, y el dolor y la rabia transformaron al hombre en un vigilante obsesionado con la venganza.
La leyenda narra que el sereno comenzó a acechar a hombres que encontraba en las calles durante sus rondas nocturnas, sospechando que eran infieles que aprovechaban el anonimato que brinda la oscuridad para escabullirse del lecho que pertenecía a otros. Con una calma perturbadora, se acercaba a quienes se creían a salvo y les preguntaba si sabían la hora. Al responder, les decía en tono grave: «Dichoso usted que sabe la hora de su muerte». Y en ese instante, les clavaba una daga en el corazón, acabando con sus vidas en silencio.
Este sereno se convirtió en un asesino en serie que sembró el terror en la Ciudad de México. Sin embargo, no hay registros históricos que confirmen la existencia de este personaje o sus crímenes. La historia, transmitida oralmente a lo largo de los años, se ha convertido en una advertencia sobre los peligros de la traición y la fragilidad de la mente humana.
La Ciudad de México, con sus callejones estrechos y su historia colonial, es un lugar propicio para el nacimiento de este tipo de leyendas. En el siglo XVIII, la ciudad vivía una época de cambios y tensiones, y las noches, iluminadas apenas por faroles, eran el escenario perfecto para el misterio y el miedo. La figura del sereno, vigilante nocturno, adquirió en este relato un tinte siniestro, transformándose en un símbolo del peligro que acecha en la oscuridad.
«El Sereno Asesino» nos recuerda la importancia de las narrativas populares en la construcción de la identidad cultural de una ciudad que, aunque ficticias, reflejan las ansiedades, los miedos y las lecciones morales de la sociedad que las crea. En este caso, nos advierte sobre los peligros de la infidelidad, no solo para quienes la cometen, también para quienes son víctimas de ella. La venganza del sereno es una lección sobre cómo la traición puede destruir vidas, tanto física como emocionalmente. Otra lección que se desprende es el peligro de dejarse consumir por el deseo de venganza. El sereno, en lugar de superar su dolor, se convierte en un monstruo, perpetuando el ciclo de violencia. Esto refleja la idea de que la venganza no solo destruye a la víctima, también al vengador.
Así, cada vez que recorramos las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México o de alguna otra ciudad colonial, no está de más reflexionar sobre estas lecciones y recordar que, en algún rincón oscuro, tal vez aún resuene el eco de una voz que pregunta, con una calma perturbadora: «¿Sabe usted la hora?».
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