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Oaxaca: Donde lo Ancestral y lo Moderno Coexisten en Armonía

Oaxaca, una de las joyas culturales más deslumbrantes México, es un lugar donde la historia y la modernidad se entrelazan en una narrativa única.
Oaxaca: Donde lo Ancestral y lo Moderno Coexisten en Armonía

De Todo y de Nada por Sergio G. Haro

Oaxaca, una de las joyas culturales más deslumbrantes de México, es un lugar donde la historia y la modernidad se entrelazan para contar una narrativa única. Sus calles adoquinadas, bañadas por la luz cálida del sol, invitan a perderse en un viaje sensorial: el aroma de las hierbas y especias del mercado de Benito Juárez, el sonido alegre de una marimba en el Zócalo, y el espectáculo visual de fachadas coloridas adornadas con bugambilias en flor.

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La riqueza cultural de Oaxaca proviene de una mezcla profunda de tradiciones indígenas y españolas. Esta dualidad se refleja en su gastronomía, donde platillos como el mole negro, resultado de siglos de fusión culinaria, compiten en fama con las tlayudas crujientes y el mezcal artesanal, un destilado que honra el trabajo ancestral de las comunidades zapotecas. En cada bocado y sorbo se siente la conexión con la tierra y la historia.

La arquitectura colonial, marcada por templos imponentes como Santo Domingo de Guzmán, recuerda la era en que la influencia española dejó una huella imborrable en el paisaje urbano. Sin embargo, a pocos kilómetros de la ciudad, las ruinas de Monte Albán relatan una historia aún más antigua: la de la civilización zapoteca que floreció en estas tierras y construyó una de las primeras ciudades de Mesoamérica.

El arte también tiene un papel protagónico en Oaxaca, desde los hermosos textiles que las mujeres tejen a mano, preservando técnicas milenarias, hasta las galerías contemporáneas que exponen piezas de artistas reconocidos y emergentes. La ciudad es un crisol de creatividad, y en sus barrios, como el de Jalatlaco, se pueden admirar murales que rinden homenaje a figuras icónicas como Francisco Toledo, quien luchó incansablemente por proteger la identidad cultural de su tierra natal.

Un lugar cuyo compromiso con la difusión del arte oaxaqueño lo convierte en una visita obligada para quienes desean sumergirse en la cultura local es la Galería Quetzalli. Fundada en 1986, esta galería se ha consolidado como un epicentro del arte mexicano y un referente para el coleccionismo internacional. Ha albergado obras de reconocidos artistas como el propio Francisco Toledo, Rufino Tamayo y Rodolfo Morales, además de promover a talentos emergentes. También organiza eventos culturales que enriquecen la oferta artística de la ciudad.

Si hay un lugar que ha sabido conservar sus costumbres ancestrales, ese es Oaxaca, y ninguna celebración ilustra mejor este espíritu que la Guelaguetza, también conocida como «Los Lunes del Cerro.» Este es uno de los festivales culturales más emblemáticos y coloridos de Oaxaca, con raíces en las tradiciones indígenas prehispánicas. El término «Guelaguetza» proviene del zapoteco y se refiere al acto de ofrecer, compartir o colaborar, lo que refleja la esencia de este evento: una celebración de generosidad y comunalidad.

El festival se lleva a cabo anualmente durante los dos últimos lunes de julio. En esta celebración, las ocho regiones del estado se reúnen para compartir sus danzas, música, trajes típicos y costumbres. Cada delegación regional presenta un espectáculo que refleja su identidad cultural y tradiciones ancestrales. Los bailarines visten trajes deslumbrantes, como huipiles bordados y enaguas multicolores, y realizan danzas que cuentan historias de amor, cosecha y ritos de agradecimiento a la tierra. Las danzas son acompañadas por bandas de música que utilizan instrumentos como la marimba, las guitarras y las trompetas, llenando el ambiente de una energía vibrante y festiva.

Uno de los momentos más esperados de la Guelaguetza es cuando, al final de cada presentación, las delegaciones lanzan al público regalos típicos de su región, conocidos como «regalos de la Guelaguetza,» que pueden incluir frutas, artesanías, flores y productos agrícolas. Este gesto simboliza el acto de compartir y devolver a la comunidad, siguiendo el verdadero significado de la palabra «Guelaguetza.»

Todo esto ha convertido a Oaxaca en un destino moderno y atractivo para turistas nacionales e internacionales, pero su esencia sigue arraigada en su pasado, y ese es, quizá, su mayor acierto. Es una ciudad donde lo tradicional y lo contemporáneo coexisten en perfecta armonía, ofreciendo una experiencia cultural inigualable para quienes se atreven a descubrirla.

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