Colaboraciones

Un fenómeno llamado Juana Inés

Hablar de Juana Inés es hablar de la complejidad del idioma español, pero con sabor mexicano, y del patrimonio cultural de los mexiquenses.
Un fenómeno llamado Juana Inés

Instantáneas Sobre el Fin del Mundo por Alfredo Peñuelas Rivas

Hablar de Juana Inés es hablar de la complejidad del idioma español, pero con sabor mexicano. Hablar de Sor Juana es hablar del patrimonio cultural de los mexiquenses. Pero hablar de Sor Juana Inés de la Cruz, es hablar de una estrella fulgurante de ese firmamento que es el siglo de Oro español. Un astro que brilla con luz propia al lado de nombres como los de Luis de Góngora y Argote, Francisco de Quevedo y Villegas o Pedro Calderón de la Barca, tan sólo por mencionar algunos. Si bien es verdad que la llamada “Décima musa”, no fue la única escritora novohispana, ya que compartió siglo y letras con otros titanes de la literatura nacional como lo fueron Juan Ruiz de Alarcón y Carlos de Sigüenza y Góngora, la cierto es que la voz de Sor Juana es la que más ha tenido resonancia a través de los siglos.

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San Miguel Nepantla tuvo la fortuna de verla nacer un 12 de noviembre de 1648, pero fue el territorio que hoy ocupa el Estado de México quien la vio crecer y nutrirse de sabiduría. Existe mucha documentación sobre su origen y su trayectoria: sabemos que Juana Inés fue la segunda de las tres hijas de Pedro de Asuaje y Vargas Machuca, tal como lo escribiera ella misma en el Libro de Profesiones del Convento de San Jerónimo, Asuaje y no Asbaje; sabemos que es natural de estas tierras por su partida de nacimiento encontrada en Chimalhuacán; sabemos de su infancia en la hacienda Panoaya, propiedad de su abuelo, donde la niña Juana Inés enriqueciera su curiosidad aprendiendo náhuatl, tanto así que su obra incluye poesía escrita en el idioma natural de este lugar; sabemos que fue en estas tierras donde la pequeña Juana Inés aprendiera a leer y a escribir contando con apenas tres años de edad. Aquí, al pie de los volcanes es donde nació una de las poetas más grandes de la humanidad.

Para fortuna nuestra el barroco llegó casi un siglo después a territorio mexicano, es decir: llegó ya maduro y enriquecido. Por ello, la joven Juana de Asuaje pudo nutrir sus palabras con lecturas que consumió de manera voraz. Además, no sólo leyó a los grandes escritores españoles: también se instruyó sobre teología, y en los clásicos griegos y romanos. Pero fue a través de las letras de sus contemporáneos con lo que Juana Inés logró empapar su habla de las nuevas formas del idioma español: no sólo para aprender de ellas, sino para transformarlas.

Sor Juana tuvo a su alcance todos los recursos que los grandes poetas del Siglo de Oro emplearon en sus composiciones y se hizo de ellas para consolidar un estilo único. En su búsqueda, Sor Juana trató siempre darle aire de renovación a su poesía, por lo que introdujo innovaciones técnicas y que le imprimieron un sello muy particular a su obra. Se hizo una gran maestra de la rima, de las alusiones mitológicas y de las figuras retóricas. Se podría decir que Sor Juana Inés de la Cruz reinventa el barroco y, con su vasta obra, dio un cerrojazo dorado al Siglo de Oro español.

De todos es conocida la partida de la joven Juana Inés a la Ciudad de México en busca de nuevos horizontes.

Su traslado a casa de sus tíos María Ramírez y Juan de Mata, donde aprendió latín bajo la instrucción del bachiller Juan de Olivas; de su ingresó a la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera y su consecuente amistad con la virreina, Leonor de Carreto, quien se convirtió en una de sus más importantes mecenas e íntima amiga; de su fallido intento por entrar a estudiar a la Real y Pontificia Universidad de México disfrazada de hombre; de su primer ingreso a la convento de San José de las Carmelitas Descalzas en 1667 cuya rigidez la hizo salir de ahí a los tres meses, por la severidad de la regla y el rigor de la orden, para después ingresar a la mucho más flexible orden de las jerónimas, en el convento de Santa Paula, lugar donde pudo ahondar su curiosidad, tanto que hoy se sabe que en su celda llegó a contar con una nutrida biblioteca en incluso a hacer experimentos científicos o componer obras musicales. Se dice que dentro de su celda -que era individual y espaciosa- llegó a poseer más de 4,000 libros, instrumentos musicales, mapas y aparatos de medición y a tener conocimientos profundos en astronomía, matemáticas, lengua, filosofía, mitología, historia, teología, música, pintura y cocina, por citar solamente algunas de sus disciplinas favoritas. Tal vez la anécdota más conocida de la joven Juana Inés fue cuando el virrey, admirado por los dotes intelectuales de la joven poeta, hizo reunir a cuarenta letrados de todas facultades para someterla a un examen y del cual, salió triunfante, dejando admirados a los sabios por haber contestado todas las preguntas de las que fue objeto.

Todas estas anécdotas nos hacen pensar en una niña genio, en una mujer prodigio, en una escritora sin igual. Imaginemos que esa pequeña niña, en lugar de haber nacido aquí en Nepantla hace 376 años, hubiera nacido hace apenas cinco o diez años. Que esta niña hubiera aprendido a leer a los tres, aprendido por igual náhuatl y latín; que esta adolescente fuera sometida a un examen por las mentes más letradas de nuestro país y hubiera salido avante; que esta joven mujer hubiera hecho todo lo que tenía a su alcance para poder estudiar, aprender y comprender el mundo que la rodeaba para sorprendernos con sus escritos. Sin duda esa Juana Inés, hoy día sería la misma mujer mexiquense capaz de sorprender al mundo entero.

Pero, más allá de anécdotas, lo que nos queda de Sor Juana Inés de la Cruz es su presente, es decir su vasta obra. Desde su primer libro (publicado en Madrid antes que en la Nueva España), Inundación Castálida, y que reunió una buena parte de su obra poética, la Décima musa escribió más de 50 títulos en los que abarcó géneros como la poesía, la prosa y el teatro, en los que abordó temas tan diversos como la mitología, los problemas familiares y la condición humana, yendo desde la comedia hasta los planteamientos filosóficos. Así mientras que, en Los empeños de una casa, cultiva la comedia de enredos, en Primero sueño, según la propia poeta su trabajo favorito, explora el potencial intelectual del ser humano. ¿No son acaso estos temas de actualidad y vigencia a los cuales deberíamos de recurrir día con día? El mejor homenaje que se le puede hacer a un escritor es leerlo. Leer a Sor Juana Inés de la Cruz no sólo es mantenerla viva, sino mantenernos vivos a nosotros mismos.

Aunque tal vez el aspecto más vigente de Sor Juana Inés de la Cruz es su lucha por el derecho de la mujer a estudiar y a ser escuchada. La sociedad de Juana Inés no estaba abierta a que las mujeres formaran parte de ella como protagonistas. Sin embargo, como ya lo hemos señalado, la joven poeta tomó cartas en el asunto y puso su propia vida como ejemplo y su obra como testimonio. En 1691 escribió La respuesta a Sor Filotea de la Cruz, como contestación a todas las recriminaciones que le hizo el obispo Fernández de Santa Cruz, quien afirmaba que “ninguna mujer debió afanarse por aprender de ciertos temas filosóficos”. En su defensa, Sor Juana señala que en la historia de la humanidad ha habido varias mujeres doctas, como Hipatia de Alejandría, y defiende su labor intelectual y en la que reclama los derechos de la mujer a la educación. Si bien el valor de La respuesta a Sor Filotea de la Cruz es el de un extraordinario documento autobiográfico, indispensable para comprender la vida y obra literaria de Sor Juana, lo es también para entender que la equidad no es un asunto novedoso ni de este siglo: es una demanda legítima ​y añeja y que ha sido Sor Juana una de las primeras voces en nuestro país que sonaron fuerte para que las mujeres podamos ser escuchadas.

Hoy conmemoramos un aniversario más de Sor Juana Inés de la Cruz, la Décima musa, orgullo de Nepantla, de México y del Mundo. Hoy también tenemos que volver a sus letras y entenderlas con la vigencia que estas merecen. Con el respeto y la devoción que un fenómeno llamado Juana Inés de Asuaje debe de ser entendido: no sólo como la más grande escritora novohispana que ha existido, sino como la más grande escritora o escritor que ha dado nuestra patria.

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