El reciente avance de una coalición opositora marcó un giro inesperado en Siria, terminando con los 50 años de control de la familia Al-Assad. Este suceso ha generado celebraciones en las calles, pero también incertidumbre sobre el futuro del país y la región.
La familia Al-Assad, de la minoría alauita, gobernó Siria desde 1970. Bashar al-Assad asumió el poder en el 2000, enfocándose en reformas económicas en lugar de políticas. Sin embargo, la represión a protestas pacíficas en 2011 desató una guerra civil sangrienta, involucrando a grupos locales, extremistas y potencias internacionales como Estados Unidos, Irán y Rusia.
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El conflicto dejó más de 500,000 muertos y millones de desplazados. Al-Assad, apoyado por Irán, Rusia y Hezbolá, recuperó gran parte del territorio, pero Siria sigue dividida. Grupos como Hayat Tahrir al-Sham (HTS), el Ejército Libre Sirio y los kurdos controlan diversas regiones. HTS, señalado por sus vínculos con el extremismo, lideró la ofensiva que provocó la caída del régimen.
La comunidad internacional, que antes parecía aceptar el control de Al-Assad, se enfrenta ahora a un nuevo escenario. Turquía y HTS emergen como ganadores clave. Turquía busca facilitar el retorno de refugiados y evitar una región kurda autónoma en su frontera. HTS, aunque polémico, ha negociado con diversas facciones para evitar enfrentamientos y proyectar un liderazgo más inclusivo.
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‘It’s our Syria now, not Assad’s anymore,’ say Syrians amid fall of the Assad regime.
— Middle East Eye (@MiddleEastEye) December 9, 2024
Syrians in London share their hopes and dreams after the fall of the Assad regime on Sunday. “I’ve been waiting 14 years for this moment,” says PhD student Selma. pic.twitter.com/ORDfOgbLZ2



