El cónclave para elegir al sucesor del papa Francisco comenzó el 7 de mayo en la Capilla Sixtina, bajo gran expectativa mundial. La votación inicial estaba prevista para generar la tradicional fumata negra alrededor de las 19:00 horas, tiempo local de Roma.
Sin embargo, la señal de humo tardó más de una hora en aparecer, lo que generó rumores y diversas interpretaciones entre los asistentes en la Plaza de San Pedro. Algunas personas pensaron que el retraso indicaba un posible consenso temprano entre los cardenales.
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No obstante, fuentes cercanas al proceso explicaron que la demora fue por razones más prácticas que simbólicas. La mayoría de los cardenales participantes se enfrentaban a su primer cónclave, lo que requería instrucciones detalladas.
De los 133 electores, cuatro de cada cinco nunca habían participado en este procedimiento antes. Las reglas del cónclave están establecidas en la constitución apostólica Universi Dominici Gregis, que regula cada paso de la votación papal.
Durante la sesión inicial, los organizadores debieron explicar el procedimiento cuidadosamente en varios idiomas. Este paso era necesario debido a la diversidad cultural y lingüística de los cardenales, provenientes de 70 países.
Además, cualquier error en las papeletas podía obligar a repetir la votación, lo que también contribuyó a la cautela. La votación implica escribir el nombre del candidato, depositarlo en una urna y realizar un escrutinio detallado.
Los votos son quemados con una mezcla química específica que genera el humo negro visible para todos los presentes. Finalmente, la fumata apareció después de las 20:00 horas, confirmando que ningún candidato alcanzó los votos necesarios.
En esta primera ronda se requieren 89 votos para nombrar al nuevo pontífice, cifra que aún no se logra. El proceso continuará con cuatro votaciones diarias hasta que se alcance el consenso.



