Dos personas identificadas como sicarios del grupo Guerreros Unidos han sido señaladas como piezas clave en la búsqueda de verdad sobre el caso Ayotzinapa. Ambos detenidos, conocidos como El Pajarraco y La Rana, no habían declarado oficialmente hasta ahora, a pesar de que han pasado once años desde la desaparición de los 43 normalistas.
A diferencia de anteriores acusados, sus declaraciones actuales no están relacionadas con actos de tortura. Esto permite que puedan ser utilizadas legalmente en las investigaciones y procesos judiciales en curso.
Édgar Damián Sandoval Albarrán, alias La Rana, fue detenido en Estados Unidos y deportado a México. Actualmente se encuentra en el penal de Guasave, Sinaloa, bajo prisión preventiva por desaparición forzada y delincuencia organizada.
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Se presume que participó en el traslado de los estudiantes al basurero de Cocula la noche del 26 de septiembre de 2014. Además, habría regresado al lugar posteriormente para recoger los restos incinerados.
El otro testigo, Juan Miguel Pantoja Miranda, alias El Pajarraco, también fue arrestado este año, luego de haber sido liberado en 2018 por fallas en el proceso judicial. En su momento, afirmó ante la CNDH que decidió contar lo que sabía «para limpiar su conciencia».
En su testimonio, aseguró que los estudiantes fueron asesinados e incinerados, y que los restos fueron lanzados al río San Juan. También identificó a El Pato, otro presunto implicado, quien murió en 2024.
Además de estos dos detenidos, otras personas también han sido reaprehendidas. Entre ellas se encuentran exfuncionarios, policías municipales y presuntos operadores de Guerreros Unidos. Uno de los arrestos más relevantes fue el de Lambertina Galeana Marín, expresidenta del Tribunal de Justicia de Guerrero, señalada por la desaparición de grabaciones de cámaras de vigilancia.



