La diabetes sigue en aumento y más de 13.5 millones de personas, vive esta condición convirtiéndose en un reto clave para la salud pública.
La forma más común, la diabetes tipo 2, está estrechamente ligada al estilo de vida. Una alimentación poco equilibrada, el sobrepeso, la inactividad física y el estrés son factores frecuentes. A ellos se suma la predisposición genética y el envejecimiento de la población.
Cada vez más jóvenes reciben este diagnóstico. Los especialistas advierten que las largas jornadas laborales, el sueño insuficiente y el consumo de alimentos ultraprocesados afectan el metabolismo y elevan el riesgo.
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La enfermedad suele avanzar sin síntomas iniciales, lo que dificulta su detección. Cuando aparecen señales como cansancio, sed constante o visión borrosa, pueden existir daños en órganos como el corazón o los riñones.
Los especialistas sugieren realizar chequeos médicos periódicos desde los 35 años o antes si hay factores de riesgo. Dormir entre siete y ocho horas también favorece el equilibrio hormonal y mejora la respuesta del cuerpo a la insulina.
Las autoridades en salud promueven la educación nutricional desde edades tempranas y el acceso a espacios seguros para la actividad física.
Aunque la diabetes puede presentarse en cualquier etapa de la vida, adoptar hábitos saludables y realizar un seguimiento médico constante puede marcar una diferencia significativa en el bienestar de millones de personas.



