La inteligencia artificial ya forma parte de la vida diaria de millones de personas. Herramientas como ChatGPT se usan para estudiar, trabajar y crear contenido, pero especialistas advierten un error común: tratarla como si fuera un buscador de internet. A diferencia de Google, un chatbot no está diseñado para ofrecer información verificada ni actualizada en tiempo real.
Su mayor fortaleza está en la interacción y el análisis contextual. ChatGPT destaca al resumir textos, redactar documentos, mejorar currículums o desarrollar ideas, funcionando como un asistente colaborativo. Sin embargo, confiar ciegamente en sus respuestas puede ser riesgoso, ya que la IA puede generar datos incorrectos, un fenómeno conocido como “alucinación”.
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Expertos recomiendan verificar siempre la información importante y usar la inteligencia artificial con pensamiento crítico. Comprender sus límites permite aprovechar mejor su potencial y convertirla en una aliada útil y responsable en la vida cotidiana.



