Las intensas olas de frío que afectan a América del Norte y Europa representan un riesgo creciente para la salud de perros y gatos. Veterinarios y organismos sanitarios alertan que las bajas temperaturas, sumadas al uso de productos químicos en calles y veredas, pueden provocar lesiones, enfermedades e intoxicaciones en las mascotas.
Durante los últimos inviernos, se registró un aumento de casos de hipotermia, quemaduras en las patas y extravíos, especialmente en zonas urbanas con nieve y hielo. Animales jóvenes, de edad avanzada o con poco pelaje son los más vulnerables, aunque ninguna mascota está completamente a salvo del frío extremo.
Las orejas, la cola y las almohadillas suelen ser las áreas más afectadas. El hielo puede generar grietas e infecciones, mientras que las sales y anticongelantes usados para derretir nieve resultan peligrosos si entran en contacto con la piel o el pelaje. Algunas sustancias, como el etilenglicol, son altamente tóxicas incluso en pequeñas cantidades.
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Especialistas recomiendan adaptar las rutinas diarias durante el invierno. Reducir el tiempo de los paseos, elegir horarios más templados y evitar zonas tratadas con productos químicos ayuda a minimizar riesgos. El uso de abrigos y botines puede brindar una protección adicional frente al frío y las superficies dañinas.
Además, limpiar patas y abdomen con agua tibia al regresar a casa permite eliminar restos de sal o químicos antes de que el animal los ingiera. Ante síntomas como temblores, letargo, vómitos o dificultad para respirar, se aconseja acudir de inmediato al veterinario.



