La lagartija cornuda de Texas enfrenta uno de los mayores desafíos de su historia. La pérdida de hábitat, el crecimiento urbano y la llegada de especies invasoras redujeron de forma constante su población en las últimas décadas.
Este reptil, reconocido por su apariencia única y su valor cultural, fue declarado reptil estatal en 1993. A pesar de ese reconocimiento, su presencia disminuyó notablemente en zonas donde antes era común.
El cambio del paisaje natural afectó gravemente a la especie. La sustitución de vegetación nativa y la expansión de la hormiga de fuego redujeron su principal fuente de alimento.
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Ante este escenario, científicos, zoológicos y comunidades locales unieron esfuerzos para revertir la situación. El Zoológico de Fort Worth lidera programas de reproducción en cautiverio desde hace más de 20 años.
Gracias a estos trabajos, más de 1.600 ejemplares fueron reintroducidos en áreas protegidas desde 2017. Los proyectos priorizan la diversidad genética y el cuidado especializado de las crías.
Una de las iniciativas más importantes se desarrolla en la Mason Mountain Wildlife Management Area. Allí, investigadores monitorean a los animales mediante tecnología de rastreo.



