Investigaciones de la Universidad de Cambridge señalan que el peso corporal no depende solo de la disciplina. El neuroendocrinólogo Giles Yeo afirma que el cerebro y la genética cumplen un papel central en la regulación del apetito.
En declaraciones a The Times, explicó que la obesidad debe entenderse como una condición médica, postura que coincide con la Organización Mundial de la Salud. Según el especialista, el cerebro procesa señales del intestino y del tejido adiposo para ajustar el hambre y el gasto energético.
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Cuando esa percepción interna no coincide con la realidad, pueden producirse desequilibrios que favorecen el aumento de peso. Además, cada persona tiene un rango de peso en el que su cuerpo tiende a estabilizarse, lo que dificulta mantener la pérdida lograda.
Yeo también destacó que tratamientos como los basados en GLP-1 deben acompañarse de hábitos saludables. Recomendó moderar el consumo de proteínas y priorizar la fibra para mejorar la saciedad.



