Aunque la genética define gran parte del crecimiento capilar, hábitos saludables pueden mejorar la fortaleza y la apariencia del cabello. Expertos señalan que mantener un cuero cabelludo saludable es esencial para favorecer su desarrollo.
Masajear el cuero cabelludo diariamente durante unos minutos aumenta la circulación sanguínea y ayuda a transportar nutrientes a los folículos. Esta práctica también disminuye el estrés, un factor que contribuye a la caída del cabello.
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Aplicar aceites naturales como coco, ricino o almendra fortalece la fibra capilar y reduce la rotura. Complementar con una alimentación rica en proteínas, hierro y vitaminas del complejo B potencia la salud capilar y favorece un crecimiento más sostenido.
Evitar el uso excesivo de calor, no realizar peinados muy tirantes y mantenerse bien hidratado son hábitos esenciales. Además, las mascarillas de aloe vera o miel ayudan a retener la humedad, mejorar la textura y mantener un cabello más brillante y flexible.



