La inteligencia artificial ya no es solo una herramienta tecnológica. Cada vez más personas la utilizan como apoyo emocional ante la soledad.
Desde vínculos simbólicos con sistemas basados en ChatGPT hasta aplicaciones como Replika, millones de usuarios encuentran en los chatbots una conversación constante y personalizada. Estas plataformas buscan acompañar, no sustituir, las relaciones humanas.
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En paralelo, la IA también tiene presencia física. En hospitales y residencias destaca Paro, un robot terapéutico que responde al tacto y al sonido. Su uso se asocia con mejoras en el estado de ánimo y reducción de la ansiedad en personas mayores.
Aunque expertos advierten sobre el riesgo de depender en exceso de estos sistemas, la tendencia refleja un cambio cultural. La tecnología comienza a ocupar un espacio antes reservado exclusivamente a la compañía humana, especialmente en contextos de aislamiento.



