Durante el Día Internacional de la Mujer, el color púrpura ocupa un lugar central en las movilizaciones. Se ha transformado en un distintivo del movimiento feminista en distintos continentes. Su uso simboliza la exigencia de igualdad de oportunidades y el respeto a los derechos de las mujeres.
El antecedente más citado proviene del movimiento sufragista británico. En 1908, la Unión Social y Política de las Mujeres eligió tres colores representativos. Entre ellos destacó el morado, que según Emmeline Pethick-Lawrence, reflejaba dignidad y conciencia de la causa.
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Otra historia lo vincula con el incendio de la Triangle Shirtwaist Factory en Nueva York. En 1911, este hecho marcó la memoria del movimiento obrero femenino. Algunas versiones asocian el humo del lugar con un tono púrpura, convertido después en símbolo de recuerdo y reivindicación.
Hoy el morado representa resistencia y solidaridad. Más de un siglo después, continúa presente en países como México, Argentina y España. Cada 8 de marzo, este color conecta el pasado con los desafíos actuales en la búsqueda de igualdad.



