China instruyó a sus empresas a no acatar ciertas sanciones impuestas por Estados Unidos, marcando un cambio en su estrategia frente a este tipo de medidas. Aunque anteriormente criticaba estas restricciones, permitía que grandes corporaciones las cumplieran para evitar afectaciones económicas. Ahora, el gobierno adopta una postura más firme en medio de tensiones crecientes entre ambas potencias.
La decisión ocurre antes de un posible encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping, lo que añade peso político al anuncio. Pekín ha señalado que las sanciones dirigidas a refinadoras privadas vinculadas al comercio de petróleo iraní podrían afectar su seguridad energética. Por ello, considera necesario proteger sus cadenas de suministro y sus intereses de desarrollo.
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Medios oficiales y especialistas cercanos al gobierno han descrito la medida como una respuesta equilibrada frente a lo que consideran prácticas extraterritoriales de Estados Unidos. Además, se enmarca en una estrategia más amplia que busca fortalecer herramientas económicas propias, incluyendo regulaciones internas y el uso de recursos estratégicos.
Analistas indican que esta acción podría poner a prueba el sistema de sanciones estadounidense y provocar nuevas reacciones. Empresas y bancos chinos ya evalúan cómo ajustarse, incluyendo el uso de transacciones en moneda local. El rumbo que tome esta situación dependerá en gran medida de la respuesta de Washington y de las decisiones que ambas naciones adopten en el corto plazo.



