El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha incrementado la presión sobre Corea del Sur en temas comerciales y de seguridad, mientras vuelve a mostrar disposición para acercarse al líder norcoreano Kim Jong-un. El domingo, Trump ordenó al Pentágono reducir los ejercicios militares anuales con Seúl y los consideró poco apropiados para mantener una relación con su “buen amigo” de Corea del Norte.
Un día después, el mandatario estadounidense aseguró que Kim Jong-un había respondido a su propuesta de diálogo y calificó la señal como un avance “muy positivo”. El acercamiento ocurre mientras Washington cuestiona a Corea del Sur por la lentitud en el cumplimiento de su compromiso de invertir 350 mil millones de dólares en Estados Unidos, al que podrían sumarse inversiones de grandes compañías surcoreanas de semiconductores como Samsung y SK Hynix.
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La situación también genera preocupación en Seúl por asuntos de seguridad. El presidente surcoreano, Lee Jae Myung, pidió acelerar las negociaciones con Washington para que su país pueda avanzar en sus planes de adquirir su primer submarino de propulsión nuclear. El mandatario sostuvo que fortalecer las capacidades propias de Corea del Sur también incrementaría el valor de su alianza con Estados Unidos.
Las tensiones plantean un complicado escenario para el gobierno de Lee, que debe equilibrar las exigencias comerciales de Washington con su dependencia del respaldo militar estadounidense frente al programa nuclear de Corea del Norte. Expertos advierten que un eventual diálogo entre Trump y Kim sin la participación de Seúl podría generar inquietud entre los surcoreanos y afectar la confianza en Estados Unidos como aliado.
En medio de este panorama, Corea del Sur anunció que el canciller chino Wang Yi visitará Seúl esta semana, en su primer viaje a la capital surcoreana en casi cinco años, para abordar asuntos relacionados con Corea del Norte y otros temas internacionales. Trump tiene previsto viajar a Shenzhen en noviembre para una cumbre de líderes, escenario que podría abrir una nueva oportunidad de contacto con Kim, con quien ya sostuvo tres encuentros durante su primer mandato sin conseguir que Pyongyang renunciara a sus ambiciones nucleares.



