El 4 de agosto de 1892, la tranquilidad de Fall River, Massachusetts, quedó marcada por un brutal crimen. Andrew Borden y su esposa, Abby Durfee Gray, fueron asesinados dentro de su propia casa con un hacha. La principal sospechosa terminó siendo Lizzie Borden, hija de Andrew, quien aseguró haber descubierto los cuerpos al regresar a su hogar.
Andrew había construido una considerable fortuna gracias a sus negocios relacionados con la fabricación de muebles y ataúdes. Después de enviudar de Sarah Morse, con quien tuvo a Lizzie y Emma, contrajo matrimonio con Abby. Con el paso de los años surgieron conflictos familiares, principalmente relacionados con el dinero y la distribución de los bienes.
De acuerdo con testimonios citados por medios como la BBC y declaraciones de especialistas, Lizzie y su hermana consideraban que su padre favorecía económicamente a Abby y a los familiares de esta. Las diferencias se hicieron más evidentes después de que Andrew adquiriera una propiedad para su segunda esposa. Lizzie, conocida por expresar abiertamente sus desacuerdos, habría mantenido una relación complicada con su madrastra.
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El día de los asesinatos, Lizzie declaró que había permanecido en casa leyendo y realizando algunas tareas antes de salir para buscar plomos de pesca. Al regresar encontró a Andrew muerto en el sofá de la sala. El hombre había recibido 11 golpes con un hacha. Posteriormente, Lizzie encontró el cuerpo de Abby en una habitación de la planta superior, con 18 heridas provocadas por un arma similar.
Las investigaciones establecieron que ambos homicidios no ocurrieron al mismo tiempo. Los análisis forenses calcularon una diferencia de entre una hora y media y dos horas entre las muertes. Esto generó interrogantes, pues Lizzie y Bridget Sullivan, la empleada doméstica, se encontraban en la vivienda durante parte de ese periodo y no reportaron haber visto a un intruso.
Las sospechas aumentaron cuando las declaraciones de Lizzie presentaron cambios conforme avanzó la investigación. Además, un farmacéutico afirmó que la joven había intentado comprar ácido prúsico, un compuesto venenoso, un día antes de los asesinatos. Por estos elementos, Lizzie fue detenida el 11 de agosto de 1892 en Fall River como principal sospechosa.
El juicio comenzó el 5 de junio de 1893 ante un jurado integrado exclusivamente por hombres, ya que las mujeres no podían formar parte de estos órganos en aquella época. Durante el proceso se expusieron los conflictos familiares, las disputas económicas y diversos testimonios que buscaban relacionar a Lizzie con los asesinatos.
Una amiga también declaró haber visto a Lizzie quemando un vestido tres días después de los homicidios. La acusada reconoció haber destruido la prenda, pero explicó que estaba cubierta de pintura y ya no podía utilizarse. Además, nunca se localizaron prendas con manchas de sangre que permitieran vincularla directamente con el crimen.
Después de varias horas de deliberación, el jurado declaró a Lizzie Borden inocente. Fue liberada y el verdadero responsable de la muerte de Andrew y Abby nunca fue identificado oficialmente. Más de un siglo después, el caso continúa rodeado de interrogantes y teorías.
Ahora, Netflix retoma esta historia en “Monstruo: La historia de Lizzie Borden”, nueva producción de crímenes reales de Ryan Murphy. La serie está integrada por ocho episodios y profundiza en la vida de Lizzie, los conflictos dentro de la familia Borden y el misterio que permanece alrededor de los asesinatos ocurridos el 4 de agosto de 1892.
Los ocho episodios de “Monstruo: La historia de Lizzie Borden” ya están disponibles en Netflix.



