Las autoridades españolas intensificaron este viernes las labores para identificar a las personas fallecidas en el choque de dos trenes de alta velocidad ocurrido en la provincia de Toledo. El accidente dejó al menos 69 muertos y mantiene en incertidumbre a decenas de familias que continúan sin conocer el paradero de sus seres queridos, dos días después de la tragedia.
En la morgue de Toledo, familiares de los pasajeros permanecen a la espera de información sobre las víctimas. Entre ellos se encuentra Javier Barrio, quien busca a su esposa, pasajera de uno de los convoyes y quien realizaba su último viaje laboral antes de jubilarse. El hombre reconoció que atraviesa momentos difíciles junto con sus hijos y admitió que, aunque no tiene confirmada su muerte, las posibilidades de encontrarla con vida son muy reducidas.
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El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, acudió al municipio de Urda, donde ocurrió el siniestro, y reiteró el compromiso de las instituciones para agilizar las identificaciones y proporcionar información confiable a los familiares. Por su parte, el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, informó que se habían presentado 70 denuncias por desaparición, aunque estas podrían corresponder a personas fallecidas que todavía no han sido identificadas. Para facilitar el proceso, las familias han proporcionado muestras de ADN.
La complejidad de las tareas también quedó evidenciada por los restos recuperados en el lugar del accidente. García-Page explicó que, además de cuerpos completos, los equipos de rescate reunieron hasta 31 bolsas con restos parciales. Hasta la noche del jueves se habían practicado 48 autopsias y comunicado cinco identificaciones a los familiares. Mientras tanto, 39 personas permanecían hospitalizadas, aunque su evolución médica era considerada favorable. Los trabajos de búsqueda continuaban este viernes con apoyo de grúas y perros especializados.
La investigación sobre las causas del choque sigue en marcha. El accidente ocurrió cuando un tren de Renfe, que viajaba de Madrid a Sevilla, impactó por detrás contra una unidad de Iryo que estaba detenida en las vías, a unos 150 kilómetros al sur de la capital. El ministro de Transportes, Óscar Puente, señaló que una avería informática habría obligado a detener varios trenes y que, según los primeros indicios, posteriormente se habría emitido una orden equivocada desde el centro de control de Madrid para reanudar la marcha del convoy de Renfe. La autoridad investigadora estima que el impacto ocurrió a una velocidad de entre 160 y 200 kilómetros por hora.
La tragedia ha generado cuestionamientos sobre la seguridad del sistema ferroviario español, especialmente porque en enero otro accidente entre trenes de alta velocidad dejó 46 fallecidos. Sánchez reconoció que existe una pérdida de confianza en el servicio y aseguró que el objetivo de las investigaciones no será únicamente determinar responsabilidades, sino encontrar las causas y establecer medidas para evitar que un hecho similar vuelva a ocurrir. El siniestro se produce además en un contexto político complejo, a pocas semanas de las elecciones generales anticipadas previstas para el 29 de noviembre.



