Tras más de 50 años de control absoluto por la familia Al Assad, el derrocamiento del presidente Bashar al Assad en un ataque relámpago de las fuerzas rebeldes cambió drásticamente el panorama político de Siria en solo 12 días. Este evento ocurrió después de una guerra civil de 13 años, que comenzó en 2011, cuando un levantamiento pacífico contra Al Assad se convirtió en un conflicto sangriento con múltiples facciones y la intervención de potencias internacionales como Estados Unidos, Irán y Rusia.
Abu Mohammed al Jolani, líder del grupo islamista Hayat Tahrir al Shams (HTS), calificó la caída de Al Assad como una «victoria de todos los sirios», aunque los gobiernos occidentales consideran al grupo como «terrorista». La pregunta ahora es cómo se organizará Siria políticamente tras la caída de un régimen respaldado por potencias extranjeras, mientras actores internos como comunidades minoritarias y diversas sectas, y actores externos con intereses geopolíticos clave, definirán el futuro.
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Según Ali Bilgic, profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Loughborough, la caída del régimen sirio tiene implicaciones significativas, ya que ha roto el vínculo entre Irán, Hezbolá y la llamada «Media Luna chiita», que abarcaba desde Irán hasta el sur de Líbano. Este hecho marca un punto de inflexión para Rusia e Irán, considerados los «principales perdedores» en esta nueva fase.
Turquía, que ha liderado múltiples intervenciones militares en Siria, especialmente contra las fuerzas kurdas, ahora controla una zona del norte del país. Aunque no apoya directamente a HTS, ha ayudado a moderar sus acciones y está preocupada por evitar la creación de una región autónoma kurda en Siria. Qatar, que también tiene intereses políticos en Siria, ha estado colaborando estrechamente con Turquía y busca evitar que Arabia Saudita fortalezca su influencia en la región. Ambos países están promoviendo la creación de un gobierno de transición para evitar el caos en Siria.
Por otro lado, las Fuerzas Democráticas Sirias, lideradas por kurdos y apoyadas por Estados Unidos y la Unión Europea, han consolidado su control en el noreste del país. Los kurdos buscan mantener sus territorios y participar en cualquier nuevo gobierno sirio, mientras se enfrentan a la amenaza de Turquía, que los considera una amenaza para su seguridad.
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El futuro de Siria dependerá en gran medida del papel que jueguen potencias como Estados Unidos, que ha mantenido una presencia militar en el norte del país, en áreas clave como los campos de petróleo controlados por los kurdos. A pesar de que algunos analistas sugieren que Estados Unidos podría reducir su implicación, la importancia estratégica de Siria y sus recursos naturales hacen improbable que abandone completamente el país.
Irán, uno de los principales aliados de Assad, ve la caída de su régimen como un golpe significativo, ya que Siria ha sido un punto estratégico para el apoyo a Hezbolá y el transporte de armamento. Israel, preocupado por el arsenal de armas químicas de Assad, también está monitoreando de cerca los desarrollos en Siria.



