El año 2024 será testigo de un evento sin precedentes, con cerca del 49% de la población mundial inmersa en procesos electorales. Aproximadamente treinta naciones, incluyendo El Salvador, México, Panamá, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, se preparan para elegir a sus líderes, mientras que otras veinte planean elecciones legislativas. Este acontecimiento global se desarrolla en un contexto marcado por el conflicto ruso-ucraniano y la guerra en la Franja de Gaza.
Observadores señalan riesgos de desinformación y manipulación mediante inteligencia artificial, destacando la necesidad de salvaguardar la integridad de los procesos electorales. Un hito potencial es la posibilidad de que México elija a su primera presidenta, con Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez como las principales contendientes. Las elecciones estadounidenses en noviembre, con la posible confrontación entre Joe Biden y Donald Trump, generan expectación debido a las polémicas y falsas informaciones que marcaron la elección de 2020.
En Venezuela, Nicolás Maduro busca un tercer mandato en medio de una crisis política y económica, mientras que, en Rusia, se anticipa que Vladimir Putin se postule para su reelección en marzo. Sin embargo, la oposición y la sociedad civil han enfrentado restricciones significativas en los últimos años. Además, India, con 945 millones de votantes, celebrará elecciones generales en mayo, con el partido BJP de Narendra Modi como favorito.
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Las elecciones europeas en junio también atraen la atención, con la posibilidad de un avance de fuerzas euroescépticas. Irán, por su parte, celebrará comicios legislativos en marzo tras la muerte de Mahsa Amini, marcando un período de represión y tensiones. En África, con aproximadamente diez elecciones presidenciales en 2024, la elección en Senegal, programada para febrero, se presenta con desafíos y controversias.



