Instantáneas Sobre el Fin del Mundo por Alfredo Peñuelas Rivas
En 1564 los frescos que embellecen los muros de la Capilla Sixtina, en el Vaticano, fueron retocados por el artista Danielle di Volterra por encargo del papa Pío IV. El motivo eran los desnudos que Michelangelo Bounarroti pintó al crearlos, considerados por las autoridades eclesiásticas como algo de naturaleza impura e inmoral. Las pinturas permanecieron así hasta el siglo XX y, según comentó en 1991 Gianluigi Colalucci, responsable de la restauración, ninguna de las más de 300 figuras que componen los magníficos frescos de la Capilla Sixtina, en el Vaticano, podrá recuperar jamás los frecuentes y supuestamente generosos atributos sexuales de que les dotó Miguel Ángel al crearlos.
Lo anterior no es una más de las innumerables censuras que ha sufrido el arte desde que la humanidad es tal y desde que una expresión artística de cualquier índole (pintura, escultura, música, literatura, etc.) afecta las creencias o las conciencias de un grupo de individuos o de un personaje solo, pero con el suficiente poder de llevar a cabo un acto de censura. Personas, gobiernos, instituciones, asociaciones, países enteros han ocultado e, incluso, vandalizado o destruido obras de arte por considerarlas impropias.
El pasado viernes 26 de julio se llevó a cabo la inauguración de los XXXIII Juegos Olímpicos en París, Francia, acaso una de las ciudades favoritas de los artistas en occidente, por lo que el ingrediente artístico resultaba más que evidente. Con un espectáculo de más de cuatro horas desplegado a lo largo de seis kilómetros del río Sena, el mundo entero pudo presenciar lo mismo a Lady Gaga, cantando temas de la Belle Epoque, que a la banda de rock Gojira, hacer un performance con alusión al fin de la monarquía con todo y la reina María Antonieta decapitada. Bandas de guerra conviviendo con el hip hop de Aya Nakamura o bailarines por doquier acompañados por pianos que sonaban bajo la lluvia parisina. Un homenaje al arte, a la música, al cine, a la literatura, a la danza y hasta a los videojuegos, todo con un fuerte contenido político y social.
Le festin des Dieux representada en París 2024

Sin embargo, el segmento que más llamó la atención fue un desfile de modas donde se hace referencia al cuadro Le festin des Dieux, de Jan Harmensz van Bijlert, pintada hacia 1635 y conservada en el museo Magnin de Avignon. En esta pintura los dioses del Olimpo celebran las bodas de Tetis y Peleo. Entre los personajes que aparecen en el centro están Apolo coronado y el dios Baco o Dionisio, recostado en primer plano, y de quien cuya hija, Secuana, se convirtiera en el río Sena. La escena tenía como integrantes a personajes muy famosos como la drag queen francesa Nicky Doll, quien participó en la temporada 12 del exitoso reality estadounidense “Paul Drag Race” y el cantante Philippe Katerine, personificando al dios Baco. La escena hace referencia a dos mensajes: primero el entender a París como la capital de la moda (uno más de sus conocidas atribuciones); y, segundo, hablar de un París inclusivo donde todas las formas de pensar y de percibir el mundo sean bienvenidas. Por desgracias, ese mensaje no fue bien interpretado por mucha gente.
De alguna manera la Fiesta de los dioses fue confundida por “La última cena”, uno de los cuadros más famosos de Leonardo Da Vinci. Por ello, un gran número de católicos, grupos conservadores y usuarios de las redes sociales mostraron su indignación y condena a lo ocurrido con el espectáculo parisino. La condena sigue, a pesar de que los organizadores han afirmado que jamás quisieron ofender a nadie y de que la inspiración no es la obra de Da Vinci. «Nunca encontrarán por mi parte ningún deseo de burlarme, de denigrar nada. Quise hacer una ceremonia que reparara, que reconciliara. También que reafirmara los valores de nuestra República», dijo a la cadena de televisión BFMTV el director artístico de la ceremonia de apertura, Thomas Jolly. «Creo que estaba bastante claro que era Dioniso quien llegaba a esa mesa. Está ahí porque es el dios de la fiesta (…) y el padre de Secuana».
A pesar de las múltiples aclaraciones por parte de los organizadores, la satanización y condena a algo que no es por parte de los grupos conservadores podrían significar muchas cosas: lo rápido que las redes sociales se convierten en jueces, la gran cerrazón que existe por un sector de la sociedad a expresiones nuevas o distintas de su concepción del mundo, pero sin duda muestran un aspecto fundamental: el arte tiene como uno de sus objetivos fundamentales el sacudir conciencias, el mover las aguas. Como diría otro de los grandes íconos franceses de la literatura y el pensamiento, Albert Camus: Si el mundo fuese claro, el arte no existiría.
¡Gracias, París! Por tu arte y por hacernos pensar una vez más.
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