El sarampión es una infección viral que se transmite con facilidad por el aire. Se propaga cuando una persona enferma tose, estornuda o respira cerca de otros. El virus entra por las vías respiratorias y causa fiebre alta, tos y secreción nasal. Después aparece una erupción que se extiende en la piel.
La Organización Mundial de la Salud indica que las complicaciones son más frecuentes en menores de cinco años y en adultos mayores de treinta. El riesgo aumenta en personas con mala nutrición o con deficiencia de vitamina A. También es mayor en quienes tienen el sistema inmunológico debilitado.
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La Secretaría de Salud advierte que pueden presentarse infecciones del oído y neumonía. En situaciones menos comunes pueden surgir complicaciones neurológicas. El virus además puede afectar las defensas del organismo durante un periodo. Esto facilita que aparezcan otras infecciones después del cuadro inicial.
La Organización Panamericana de la Salud ha llamado a fortalecer la vacunación en la región. Las personas que no están inmunizadas tienen mayor probabilidad de contagio. Los menores sin esquema completo y las mujeres embarazadas requieren especial protección. La prevención sigue siendo la herramienta más eficaz.



