La inteligencia artificial está entrando en una nueva fase. Los sistemas más recientes ya no solo responden preguntas o generan contenido, también pueden realizar tareas completas en internet.
Esta tecnología se conoce como agentes autónomos, programas capaces de analizar información, tomar decisiones y ejecutar acciones digitales con poca intervención humana.
Empresas tecnológicas como OpenAI, Google y Anthropic trabajan en el desarrollo de estas herramientas. Su objetivo es crear asistentes capaces de interactuar con navegadores, aplicaciones y diferentes plataformas en línea.
En la práctica, una persona podría pedirle a la inteligencia artificial encontrar el mejor hotel para un viaje. El sistema buscaría opciones, compararía precios, revisaría opiniones y, con autorización del usuario, incluso podría realizar la reserva.
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A diferencia de los asistentes tradicionales, estos agentes dividen una tarea en varios pasos y los ejecutan de forma ordenada. Para hacerlo combinan modelos de lenguaje, navegación web y herramientas externas.
Las primeras aplicaciones ya permiten realizar acciones como reservar restaurantes, comparar productos, organizar correos electrónicos o gestionar calendarios.
En el ámbito empresarial, la tecnología podría ayudar a analizar mercados, elaborar informes y automatizar tareas administrativas repetitivas.
Sin embargo, el desarrollo de los agentes autónomos también plantea desafíos. Los expertos advierten sobre posibles errores automatizados, riesgos de seguridad y el manejo de información sensible.



