La economía de Estados Unidos registró un crecimiento anualizado de 1.5 por ciento durante el segundo trimestre de 2026, de acuerdo con la estimación preliminar de la Oficina de Análisis Económico (BEA). Aunque el avance fue inferior a lo previsto por los analistas, el desempeño estuvo respaldado por un mayor gasto de los consumidores y una sólida inversión empresarial, factores que permitieron mantener el dinamismo económico pese al contexto internacional.
El informe señala que el consumo, responsable de cerca de dos tercios de la actividad económica del país, aumentó 3.2 por ciento, mientras que un indicador clave de la demanda interna —las ventas finales a compradores privados nacionales— se elevó 3.9 por ciento, su mejor resultado desde principios de 2023. Este comportamiento refleja que la economía estadounidense ha logrado mantener su fortaleza, incluso tras las presiones generadas por el conflicto con Irán.
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La inversión de las empresas volvió a destacar como uno de los principales motores del crecimiento. Los recursos destinados a proyectos de inteligencia artificial, junto con una mayor adquisición de maquinaria industrial, equipo de transporte y tecnología, impulsaron la inversión fija no residencial, que avanzó 8.4 por ciento. Tras mantener sin cambios las tasas de interés, el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, calificó de «impresionante» la resiliencia de la economía y subrayó el papel fundamental de la inversión empresarial.
No obstante, el crecimiento enfrentó algunos obstáculos. Las exportaciones netas y la reducción de inventarios restaron impulso al Producto Interno Bruto, en parte por el adelanto de importaciones antes de nuevos aranceles y por los ajustes realizados por las empresas durante el conflicto bélico. Aun así, el gasto de los hogares permaneció sólido, especialmente en bienes duraderos como automóviles y muebles, así como en servicios relacionados con recreación, restaurantes y hospedaje, consolidando el desempeño positivo de la economía estadounidense.



